lunes 30 de noviembre de 2009

Fotografías de Munch (por Federico Muttoni)

Se había dejado anticipar como quién entra en una noche naranja, como si ella fuera en verdad la noche y algo la anticipaba, le traía el azúcar que se bebe entre esos pastos del piso al cielo; nadie cerca. Ni siquiera una rama le había rozado el abrigo, pero entonces por qué pensar en esto, el frío justificaba el abrigo pero no pensar en una rama que nada ha hecho. Sin embargo Mercedes no lograba deshojarse de aquello que la gobernaba, de aquel naranja en el cielo, que no debe ser naranja, ni de las ramas inmóviles, espías. Un fuego silencioso entraba en ella y la conducía, le ponía unos ojos felinos que se prendían en lo que de repente era la oscuridad absoluta. Una mancha negra de sombra de barro de cuerpos débiles y ojos relucientes en ella, ojos que veía Martín desde su silla, en el rellano, en otra oscuridad sin ojos ni barro y entonces ella no veía a Martín, sólo él podía verla. Demasiado alta para gato y menuda para puma, Mercedes toda ojos miraba ahora en dirección a Martín como si lograra tocarlo desde la distancia, como si el violeta de la luna a sus espaldas la guiara en un rugido fulminante; pero no podía verlo en esa selva de negras ramas vacías de otoño. Mercedes se distraía con una luz lejana y Martín, tieso, respiraba luego de haber anulado todo movimiento, sumido en un temor indescifrable.
Bestia dorada en el centro de la noche sin hojas, Mercedes encontraba una calma que no le pertenecía; que le era dada o tal vez inducida por una voz dulce y frágil que llegaba desde el vacío mismo, desde donde sólo se conciben voces inaudibles. Crepúsculo. Sentada sobre la tierra, jugando con las huellas de sus propios pasos se alejaba más y más de todo estado de alerta. Recuéstate. Obedecía. Fuego al fuego, ojos al cielo naranja, las manos suaves de caricias en el aire, sangre de luna violeta alistando a la bestia para ser bestia. Crepúsculo, permanece. Una enorme boca se formaba en el cielo, con labios de copas de árboles y nubes difuminadas, al tiempo que Martín se acercaba al cuerpo que yacía inmóvil, tendido en la nada, entre campos abiertos a la sombra. Cerca. Paso cauteloso, de cazador inseguro. Ni un movimiento, nada perceptible. Presa o fiera de seguro muerta; se acercaba lentamente pero ahora convencido, ya no crepitaban los ojos y el alivio se figuraba en el calor que sentía Martín al acercarse, un trago de licor en el frío insoportable; una sensación de bienestar, de abrigo. Un leve sonido, como el crujir de una rama que en todo campo abierto cruje. Al costado del cuerpo, arrodillado hacia ella, buscando en sus ojos el fuego que se desvanecía lentamente, ojos de ceniza. La noche apagada, el cielo negro como si la boca se hubiese cerrado por completo, mancha de sombra y barro y el cuerpo muerto. Nada que hacer para Martín que ahora se alejaba sumido en la incredulidad. Una rama le rozó el abrigo devolviéndole el temor que lo hizo girar sobresaltado, dando un manotazo para desprenderse de la rama. Crepúsculo detrás de él con los ojos encendidos y las manos ensangrentadas. Un cuerpo muerto, una rama deshojada.

sábado 28 de noviembre de 2009

El uso de la cruz (por Marcos Illiarra)

arriba
los santos
son de plástico
y no te miran

una cruz
manufactura china
con piedras incas
degolladas
ahogadas
en oro

adentro
los santos
llevan
a otros santos

las tetas
de maría
hervidas
y amasadas
con las manos
de pedro

las tetas
mezcladas
metidas
al horno
dispuestas
en moldes
de jesús

arriba
los santos
¿qué
les vas
a pedir?

adentro
¿qué
te pueden
dar?

jueves 27 de agosto de 2009

Taller de Escritura Creativa

Teniendo en cuenta la importancia de generar espacios de producción creativa dentro de la facultad surge la propuesta de este taller, un espacio colectivo de participación. Porque la escritura es una pieza clave en nuestra formación, queremos generar herramientas para trabajar desde la palabra.
El taller se plantea como un facilitador para la escritura a partir del trabajo con diferentes propuestas.

Coordinado por:
Gisela Campanaro (estudiante avanzada del Prof. en Letras)
Facundo Saxe (Profesor de Literatura Alemana)

El taller se realizará los días
Lunes de 16 a 18 hs en el aula 305.

Tenés tiempo para inscribirte hasta el viernes 4 septiembre en la mesa de UTOPIA

sábado 11 de julio de 2009

Se viene un nuevo número...

Estamos reuniendo material para el próximo número de la revista.
Te invitamos a participar,
envianos tus cuentos, poesías, ensayos o artículos.
Para comunicarte envianos un mail a
revistatropos09@yahoo.com.ar.
o buscanos en la mesita de Utopia.



sábado 13 de junio de 2009



Muchas Gracias a todos los que participaron de la presentación de la Revista Tropos #4!!!
-Si todavía no tenés la revista podés conseguirla en la mesa de Utopía, a la entrada de la facultad de Humanidades-

martes 2 de junio de 2009

Título río abajo (por Fernando García)

Encontré tu voz
Es la mía
Tu voz suena como la mía y no hablo de mí, che
Lo tuyo punto lo mío punto
y aparte
¿Somos eso nosotros?

Encontré tu voz, la encontré y es mía.
Mía desde que la escuché.

Es como el agua que va y no sabés de qué arroyo
O las calles que se cruzan en ciudades desparejas
La columna más ancha da nombre a la cuadra que sigue
El agua que sigue lleva el nombre del más grande

Si el arroyo de todos se llama de todos
Mi voz entonces no tiene nombre
Le dicen Fer pero si es arroyo en la voz de todos
tengo más voz de todos que voz mía

Cuando la escuché ya era mía, decía y repito
mía porque la calle sin eco
mía porque el arroyo sin oído
no suena

Dicen que es como el aire más bien
Pero al aire no lo ves, no los ves los aires mezclándose
Por eso decimos que la voz también
es como el agua, para verla

Lo sentís. Sentís los aires.
La esencia del aire es ser respirable
Y ser viento y soplarnos, volarnos
Y ser calmo también y sentirlo si pasamos como flechas.
Si no refresca no es aire
Si no calienta no es aire
Si no respira no es aire

Tu voz es un soplo que siempre
me gustó respirar en tu boca
un soplo que siempre me gustó
sentir como un beso en la oreja.

A mi compañera

El verdugo de Sancho Panza (por Gisela Campanaro)

¡Que te apures!, le dice Sancho indignado a su verdugo.
Sí, sí, - le repite el caballero mal armado-apúrese, así a éste se le acaban los refranes.
Pero el verdugo tiene miedo de poner mal las palomillas y entonces descabezar erróneamente al gordito refranero.
¡Que se apure!, -le grita el hidalgo- ¿acaso goza viendo sufrir a sus futuras víctimas?
Es que el verdugo tiene miedo porque ese gordito le recuerda a su padre, un padre muy bueno por cierto, que murió descabezado por un toro, (por eso al verdugo no le sienta bien el rojo).
Pero el Quijote ya desenvainó la espada, y lo amenaza a gritos al verdugo con palabras terriblemente ridículas como su misma cara.
Y el verdugo tiene miedo -¿le creerán si les dice que en verdad tiene miedo?-
¡Nada de mariconadas!, se repite. Que la ley es la ley y debo respetarla…
Y el gordito llora lágrimas de vino y le promete al caballero no repetir un solo refrán pero entonces se le escapa ese de que “todos quieren ir al cielo pero nadie quiere morir”, y el Quijote le acierta un coscorrón en la nuca que lo deja tarado.
Y ahora es el verdugo el que llora, y le implora piedad –por amor de Dios- al Quijote.
Ningún duelo se lleva a cabo. El arma del verdugo es suficiente para que el caballero, sin más ni más, lo liquide.
Sancho entonces festeja por su buena actuación.
Y el ingenioso hidalgo, como siempre, se tira flores: ¡si no hubiese sido por mí!, le dice, ya estarías engarrotado…
Mientras los dos mequetrefes se dan una buena comilona, el verdugo sigue pegado al arbolito, con su moño de acero atado al cuello…